Actividades curriculares en la naturaleza

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Las experiencias vivenciales contextualizan y enriquecen el aprendizaje integral

Aprendiendo a utilizar la lupa

Los nuevos modelos educativos tienden a incrementar la importancia que se otorga a la actividad física que se realiza al aire libre. Concretamente, desde una perspectiva pedagógica, son cada vez más los profesionales de este ámbito que intentan difundir la conveniencia de incluir las actividades en la naturaleza como parte esencial del currículum escolar.

Estas iniciativas pueden llevarse a cabo tanto en el entorno inmediato (el espacio donde los alumnos se mueven habitualmente, como el patio del colegio), así como en lugares cercanos que no requieren la contratación de un medio de locomoción (por ejemplo, una zona verde de la ciudad o un parque de tirolinas urbano) o incluso también en entornos lejanos, que normalmente exigen cierta planificación y un traslado organizado (un río o una montaña).

Los expertos en educación física diferencian dos tipos de razones para promover este tipo de actividades: las curriculares y las personales. Entre las primeras destacan su capacidad para fomentar el trabajo en equipo, para contextualizar el aprendizaje de materias con carácter transversal, y para propiciar el conocimiento, el respeto, la conservación, la mejora y el disfrute del medio natural.

Respecto de las motivaciones de carácter personal, las actividades en la naturaleza favorecen que los alumnos interioricen habilidades que pueden ser posteriormente utilizadas en su tiempo de ocio. Por otro lado, la práctica de ejercicio al aire libre mejora el estado de salud físico y psíquico, refuerza la autoestima, fomenta la creatividad y promueve las relaciones interpersonales. Efectivamente, se trata de actividades con una fuerte interrelación entre iguales y un gran efecto socializador. Por último, tampoco deben menospreciarse los deseos del propio alumnado por medirse y superarse, mediante pruebas que supongan un reto calculado y controlado.

En definitiva, se trata de actividades en las que se ve a la persona como un todo, de forma integral y global, que aumentan el enriquecimiento vivencial mediante hábitos de conducta ideales para desarrollar objetivos actitudinales como la adaptabilidad, el aprendizaje, la autonomía y la colaboración.

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